De Jerez… ¿al Finisterre?



Marco A. Velo – Jerez íntimo – Diario de Jerez

Viajar y hacer turismo son términos -conceptos- contrapuestos. ¿Por qué? Porque navegar, zigzaguear, explorar, transitar, patear, experimentar, perderse a pie, indagar es indispensable y naufragar puntúa. Dar vueltas y más vueltas a la geografía ignota, al destino inexplorado, pero no de un modo teledirigido o programado al minuto. Sino al libre albedrío. Viaje versus turismo. Ya lo escribió con mano diestra Baudelaire: “Infierno o cielo, ¿qué importa? ¡Al fondo de lo desconocido para encontrar lo nuevo!”. Viajar es un bien necesario -balsámico, liberador- : su cultivo ha de recetarse con grageas diarias antes de que sobrevengan los cuatro inclementes jinetes del apocalipsis. “Miré y vi un caballo bayo. El que lo montaba tenía por nombre Muerte y el Hades lo seguía…”.

No me atendré a lo que la Escuela de Fráncfort denominaba discurso cultural dominante. Porque el ‘trotamundismo’ debería cristalizarse como materia de estudio universitario. E incluso ideario reservado para novelistas en ciernes y a su vez émulos de Stevenson. Ya dijo el clásico que la Universidad ha de ser escuela de humanidades y no supermercado de especialidades. No vamos a capitalizar el intríngulis de esta punta de lanza. Viajar es asignatura mayor. Troncal a efectos prácticos. Basta echar una ojeada a las páginas escritas a este tenor por Fernando Savater, Luis Racionero, Ramón Buenaventura, José María Álvarez, José María Poveda, Luis Paniagua, Abel Posse, José María de Areilza, Pedro Martínez Montávez, Marcos-Ricardo Barnatán, Xavier Domingo, Valentín Paz Andrade o el propio Antonio Gala.

Existe una paradoja colombina que teoriza y define a la perfección cuanto quien suscribe entiende por viaje, esto es, “buscar en realidad algo diferente a lo que teóricamente buscaba y encontrar algo que no buscaba ni real ni teóricamente”. Todo será cuestión de sagrados confines, de cabos de Gata y de plutonías. Durante el bulle bulle laboral del resto del año la imposibilidad de viajar con regularidad nos produce síndrome de ausencia. Por esta razón un servidor se las ingenia -¿cómo me las maravillaría yo, doña Lola?- para -en aras de lo profesional- escaparse la mayor de las veces a los rincones menos visitados por las suelas de siete leguas de mis zapatos andarines.

Durante un viaje, precisamente porque el reloj de la prisa con chicha se para y paraliza, aprovechamos más y mejor el ídem. El busilis del tiempo, quiere decirse. Las lecturas se agudizan, las notas grafómanas recrecen por doquier, las vivencias se enriquecen en su filosofía y en su anecdótica, la experiencia es consagración de inmortalidad. Abrimos paréntesis a la rutina del confort para sentirnos complacidos en nuestro fuero interno. Propinamos un puntapié, en efecto, a los claroscuros de la definitoria de la comodidad. Las carabelas de Colón no lo eran: y su travesía hizo Historia. Viajar no nos permite acogotarnos. Ni amodorrarnos. Ni amuermarnos. Para eso está la acolchada tapicería capitoné de los ataúdes.

Echemos a las alforjas un puñado de libros. ¿Verbigracia? ‘Ecue-Yamba-O’ de Alejo Carpentier, ‘Mis almuerzos con gente inquietante’ de Manuel Vázquez Montalbán, ‘Gente rara. Conversaciones y semblanzas’ de José Luis Gutiérrez, ‘Antología poética’ de Apollinaire o ‘El incongruente’ de Ramón Gómez de la Serna: “La novela de la vida no tendría personajes dignos si no nos tuviese a nosotros”.

Para viajar hemos de aplicarnos el incólume lema de los alquimistas: obscurum per obscurius, ignotum per ignotius… Lo que traducido resulta: “A lo oscuro, por lo más oscuro; a lo desconocido, por lo más desconocido”. En el trívium del arte de viajar se maximiza otro postulado del sendero a la sabiduría: la vida es un puente y nadie -en su sano juicio- construye nada sobre los puentes. ¿O por el contrario no será suficiente lenitivo calzarnos las sandalias del pescador? Coda: estimados lectores: pillo vacaciones y tomo carretera y manta. De Jerez…¿al Finisterre? En septiembre, Deo volente, nos reencontraremos. Al menos en negro sobre blanco.

PROGRAMACIÓN CULTURAL

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