Antonio Camacho elegido secretario general de la FEAGC




La Federación Estatal de Asociaciones de Gestores Culturales (FEAGC) ha renovado su junta directiva en las elecciones celebradas el pasado día 11 de noviembre de 2017 . La composición de la nueva junta es la siguiente:
– Presidencia: Ana Velasco. AEGPC
– Vicepresidencia: Carmen Hernán Trenado. AGCEX Extremadura
– Secretaría General: Antonio Camacho Ruiz. Asociación de Gestores Culturales de Andalucía GECA
– Tesorería: Teresa Boix Yago. AGCPV
Vocalías:
– Vilar García. ADGAE Asociación de Distribuidores y Gestores de Artes Escénicas
– Mar Pérez. APGCA Gestores Culturales de Asturias
– Javier Paz Jiménez (APGCNA)
– Maria Angeles García Cabello (ARTEC)
En este periodo que ahora empieza, la nueva Junta Directiva de FEAGC tiene como objetivo fortalecer los proyectos en marcha, impulsar otros nuevos, promover el debate y la reflexión colectiva y, sobre todo, seguir trabajando por el reconocimiento profesional del gestor cultural.
Nuestro socio y vocal de Andalucía Oriental, Antonio Camacho, facilitará la presencia de GECA en la Federación y servirá de enlace de nuestra Asociación con este ente.

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Más cine, por favor



Marco Antonio Velo – Jerez íntimo – Diario de Jerez 


De las limítrofes fronteras de la realidad -y de las adicionales volutas de la irrealidad- brota la incorpórea magia del séptimo arte. El cine es la descodificación de los (falsos y falsarios) paradigmas un tanto agridulces que el sistema nos impone a diario al procomún de los mortales. El cine es el epígono -la vuelta de tuerca- de la creatividad también existente allende nuestra visión primigenia. El cine es el descorrimiento de cortinas de todo cuanto ocultamente también late en derredor. El cine es el rasgo estilístico -la otra mirada, la otra verdad, el otro submundo, el otro trasmundo- que existe más allá de lo meramente visible. El cine es el subtexto en movimiento de lo inapreciable. El revés -poéticamente maravilloso- de las mentiras no descifradas. El envés de las verdades a menudo subterráneas. La sepultura de la displicencia. El tornadizo antagonismo de la doble lectura. 

El cine es mensaje y es catarsis. Es alborozo y es prestidigitación. Y es fábula -ficción que establece una lección moral- y es fantasía -proceso de creación que transgrede las leyes naturales de andar por casa-. Y es máxima tensión y es epopeya y es bálsamo del alma. Es hada buena y es dadaísmo en liza. Ya lo cantaba y lo canta Luis Eduardo Aute (uno de los poetas más talentosos y unipersonales -en su sello identificador-): “Cine, cine, cine:/más cine por favor/ que todo en la vida es cine/ y los sueños... cine son”.  Además los fotogramas subvierten cualquier tesis a priori intrincada. Y reconducen el epifonema de la sentencia ex cátedra. Porque, como sentenciara Pascal, “quien no espera encontrar lo inesperado, nunca encontrará la verdad”. O la Biblia (Proverbios 29,18): “Donde no hay visiones, el pueblo perece”. La cinematografía es la visión -nunca astral- que gravita a tientas en nuestro subconsciente. ¿Todos los caminos conducen a ninguna parte como así suscribiera Carlos Castaneda? Posiblemente la experimentación del argumentario cinematográfico sea la excepción que confirma y a su vez reconfirma esta regla. 

Viene a cuento -no chino ni de Hansel y Gretel ni mucho menos de Calleja ni tampoco de Canterbury- todo cuanto hasta ahora he tecleado porque -¡eureka!- no ha mucho -un puñadito de días atrás- en Huelva, y coincidiendo con el marco del Festival de Cine Iberoamericano, se produjo una felicísima noticia para todos cuantos somos miembros de ASECAN -Asociación de Escritores Cinematográficos de Andalucía-: convocadas y al arrullo de ésta, todas las asociaciones profesionales del sector audiovisual andaluz han dado los pasos pertinentes -ya gestionados al cabo- para la creación de la Academia del Cine y las Artes Audiovisuales de Andalucía. Aprobándose por unanimidad el decálogo de intenciones que regirá los futuros estatutos de la organización. Pleno a quince, el dardo en la diana: por Tutatis, el cielo -¿verdad, Astérix?- ya no cae sobre nuestras cabezas. Un rectilíneo destello de luz se otea en lontananza. 

Según lo acordado sin encrucijadas ni bifurcaciones, “la futura -¡e inminente!- Academia será representativa de toda la diversidad del sector, buscará su visibilidad y la divulgación del cine andaluz, impulsará el fomento y la formación de nuevos públicos, será inclusiva entre sus profesionales y contribuirá al estudio de las artes audiovisuales de Andalucía. La Academia del Cine y las Artes Audiovisuales de Andalucía nace con una vocación de igualdad para la promoción exterior del cine andaluz impulsando un código de buenas prácticas”. Como no podía ni debía ser de modo distinto -nobleza y reconocimiento obligan-, la comisión de trabajo estará encabezada por Javier Paisano, presidente de ASECAN, uno de los gestores culturales y periodistas más válidos y concienzudos de cuantos laboran en nuestra Andalucía. El cine es reinterpretación y es final abierto. Es ala de plumón de cisne que revela la piel del cordero. El cine es éxtasis y es fantasmagoría. Suspense y personaje tipo. Futurismo y modernidad. ¡Bienvenida sea la oficialidad de esta ya bendita Academia del Cine Andaluz! 
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Nace la Academia del Cine y las Artes Audiovisuales de Andalucía



Las asociaciones profesionales del sector audiovisual andaluz, convocadas por Asecan, aprueban en el marco del Festival de Cine Iberoamericano un decálogo con los objetivos que perseguirá la futura academia del cine andaluz

Redacción - MIRA

Las asociaciones profesionales del sector audiovisual andaluz, convocadas por la Asociación de Escritoras y Escritores Cinematográficos de Andalucía, han dado los primeros pasos para la creación de la Academia del Cine y las Artes Audiovisuales de Andalucía, con la aprobación del decálogo de intenciones que regirá los futuros estatutos de la organización. La jornada de trabajo se ha celebrado en el marco del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva.

 Según lo acordado, la futura academia del cine andaluz será representativa de toda la diversidad del sector, buscará su visibilidad y la divulgación del cine andaluz, impulsará el fomento y la formación de nuevos públicos, será inclusiva entre sus profesionales y contribuirá al estudio de las artes audiovisuales de Andalucía. La Academia del Cine y las Artes Audiovisuales de Andalucía nace con una vocación de igualdad para la promoción exterior del cine andaluz impulsando un Código de buenas prácticas.

 Asimismo, se ha constituido una comisión de trabajo que será dirigida por Javier Paisano, presidente de Asecan, y que presentará próximamente un borrador de estatutos para seguir adelante con el proceso de constitución formal de la academia. Según ha explicado Paisano al comienzo de la sesión de trabajo este es “un momento histórico que responde al trabajo acumulado en las dos últimas décadas y en los que se ha conformado un cine andaluz que es reconocido en el resto de España e internacionalmente. Las escuelas de periodismo, las ayudas de la Junta de Andalucía, el apoyo de la RTVA y los buenos trabajos de los cineastas andaluces hacen que la creación de la Academia sea su evolución natural”.

El presidente de Asecan, también ha explicado por qué el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva sirve de sede a este encuentro. “El cine andaluz tiene una relación directa con este festival, nuestra asociación se fundó aquí y nos gustaría que los pies de la academia estuvieran asentados en Huelva”, ha indicado. Por su parte, el director del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva, Manuel H.Martín, que ha asistido a la apertura de la jornada, ha agradecido a la industria andaluza que haya elegido Huelva para empezar a trabajar en la creación de la academia. “Queremos que Huelva, además de ser la casa del cine iberoamericano también sea la casa del cine andaluz”, ha asegurado H. Martín.

Además de la de Asecan, la organización promotora, la jornada ha contado con la participación de representantes de entidades y colectivos como Carlos Rosado, de Film Comission España; Piluca Querol, de Film Comission Andalucía; Sara Santaella, de la Plataforma de Empresarios y Creadores del Audiovisual Andaluz (PECAA); Antonio Pérez, de la Asociación de Empresas de Producción Audiovisual de Andalucía (AEPAA-APRIA); Daniel Ortiz y Kike Mesa, de Procinema, Productores de Cine de Málaga; José Manuel Seda, de Artistas e Intérpretes Sociedad de Gestión (AISGE); Manuela Ocón –premio Luz de la 42 edición del Festival de Cine Iberoamericano-, de la Asociación Profesional de Técnicos Audiovisuales y Cinematográficos de Sevilla (TESEA); Beatriz Mateos (TESEA); Verónica Repiso, de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE); Rogelio Delgado y Filomeno Martínez, la Asociación de Empresas de Distribución Audiovisual de Andalucía (Aedava); Ana Rosa Diego, de la Asociación Andaluza de Mujeres de los Medios Audiovisuales (AAMMA); y Julia Oliva, de la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA).

 También han asistido a la reunión los directores Pilar Távora, Alfonso Díaz, Mercedes Martínez del Río, Guillermo Rojas, Laura Hoffman y Arturo Menor, las actrices Mercedes Hoyos y María Cabrera, el compositor Pablo Cervantes, los productores Olmo Figueredo y Carlos Rosado Sibón y el crítico cinematográfico Paco Gómez-Zayas; Juan Antonio Hidalgo Casaux, Antonio Orellana, José Javier Montero y Lourdes Palacios, crítica de cine y responsable de comunicación de Asecan, entre otros profesionales del sector audiovisual andaluz. La jornada también ha contado con la presencia de la presidenta de la Fundación Audiovisual de Andalucía (AVA), María José Bayo, en calidad de oyente.

La celebración de esta jornada de trabajo impulsada por Asecan vuelve a poner de manifiesto el interés de la industria audiovisual por contar con el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva como foro de encuentro, algo que ya sucedió en la 42 edición del certamen, con la celebración del V Foro Egeda-Fipca. En aquella ocasión, más de 60 profesionales del sector audiovisual iberoamericano se dieron cita en Huelva en la primera reunión del colectivo celebrada en España, convocados por la Entidad de Gestión de Derechos de los Productores Audiovisuales (Egeda) y la Federación Iberoamericana de Productores Cinematográficos y Audiovisuales (Fipca).

Además de elegir el marco de la 43 edición para la celebración de su jornada de trabajo sobre la academia andaluza, Asecan ha sellado este año un acuerdo con el Festival de Cine Iberoamericano en base al cual tres de sus miembros integrarán el Jurado de la Sección Talento Andaluz. Según el acuerdo sellado por el presidente de Asecan, Javier Paisano, y el director del certamen, Manuel H. Martín, el jurado estará integrado por la actriz María Cabrera, el director de cine de naturaleza y biólogo Arturo Menor, y el periodista y guionista Miguel Ángel Parra Anguita.
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Porque en la vejez también hay belleza




Crítica teatral - ¡Mira qué cultura!
Porque en la vejez también hay belleza

Magistrales interpretaciones de Lola Herrera y Juanjo Artero en el Villamarta 

MAV -MIRA

De pequeño -quien suscribe hizo parvulario y la EGB- disfruté por largo de un profesor de Lengua que me enseñó -sin antigualla y sin retambufa- el valor prístino de la escritura. No ya por la prescriptiva deontología docente -que también- sino por un alto sentido de la vocación literaria. Respondía -y continúa gravitando en la metonimia de mi remembranza- al nombre de don Manuel de Caso Garrido. Falleció años ha. Don Manuel de Caso me condujo a la liberalizadora estratosfera de la letra escrita, del negro sobre blanco, a la danza clásica del baile del teclado, del tecleo como gimnasia creacionista, del minué del alfabeto...

Gravita en mis recuerdos el primer ejercicio de narración por libre que aquel alto y fornido profesor nos encargó a todo su alumnado. Se trataba de una especie de ensayo corto a propósito de la temática que nos viniera en gana. Apenas sumábamos entonces once añillos de edad. Prohibido a rajatabla los copias y pegas de otros textos más o menos celebérrimos. Don Manuel, lector impenitente, conocedor al dedillo de la literatura comparada, enseguida detectaría la estafa y el gato por liebre. La trampa en cartón mojado. Puntuaba la originalidad del enfoque y, por supuesto, ¡faltaría más!, la calidad morfológica, sintáctica y ortográfica de nuestros (alicortos y dubitativos) trabajos. Don Manuel imponía lo suyo: era maestro a la antigua usanza en la mejor acepción del término. Y los quilates del respeto que dimanaba su portentosa personalidad era directamente proporcional a la responsabilidad de nuestra aplicación en la tarea encomendada…

Quien esto escribe fue niño dado a los libros: esto es: no al chau, chau del populismo cultureta: valga, por ende, decir: sí a la propensión de la lectura como modus vivendi y como modus operandi. Jamás olvidaré el título con el que coroné aquel tembloroso trabajo de escasa investigación y de cuarto y mitad de análisis personal: “La evolución del hombre: de la niñez a la decrepitud”. A tenor de la media sonrisa -pizca ladeada- que trazó en su rostro don Manuel cuando salí a la pizarra a leer mis torpes y de seguro indecisos párrafos… supuse de inmediato que en alguna recóndita medida al menos el título sí ya era -de entrada- de su gusto. Aquella exposición pública contaba de antemano con el plácet (prologal) de mi cicerone literario. No podía contar el yo niño con prefacio más tranquilizador…

Viene toda esta filípica a cuento porque el pasado viernes noche se me vino a las mientes el titulillo de mi narración infantil cuando, asentadas mis posaderas en la fila 16 del Teatro Villamarta -fila de críticos y periodistas-, capté nunca a tientas el trasfondo argumental de la obra -magna donde las haya- “La velocidad del otoño” protagonizada al alimón por dos colosales actores en estado de gracia: Lola Herrera -la señora de la escena- y Juanjo Artero -aquel pipiolo rubiales de la teleserie “Verano Azul” que, andando los años a paso de siete leguas, ha demostrado con creces su virtuosismo interpretativo-. ¿Que el ser humano queme fases, atraviese etapas, supere ciclos vitales… ha de considerarse, ad pedem litterae, una evolución de su razón de ser o por el contrario una involución hacia la terminal de la existencia (no sabemos a ciencia cierta si con solución de continuidad o en cambio con parada sin fonda a la quietud de lo inmanentemente oscuro)? ¿Llegar a la ancianidad es evolutivo o involutivo?

Pongámonos en situación -contextualicemos-siquiera sea a efectos cronológicos. El frío arreciaba, como un témpano que nos acogota a machamartillo, en la noche de un viernes con olor a castaña asada. La bajada de las temperaturas imponía sus máximas en la ingenuidad -en el astroso atrevimiento, en el frugal desafío- de algunos viandantes aún gastando mangas cortas. En Jerez a veces no existen los términos medios. El trajín vespertino estaba sostenido, a pie de calle -de calle Medina, para ser más exactos-, por las conversaciones de tantísimos paseantes pegando el morro a la cuadratura de sus teléfonos inteligentes. Cosas veredes, querido Sancho. Ocho menos cuarto de la tarde. ¿O de la noche? La intuición olía a madrugada. Y sin embargo apenas había parido la anochecida. En la sonoridad muda de la ciudad se aupaban los latines de antaño. El otoño también abriga en la contrafigura de sus escientes estampas añejas.

Ocho menos cinco. El reloj desafía al tempus fugit. La Plaza Romero Martínez es un hervidero de público. La práctica totalidad haciendo gala de sus -más elegantes- ídem. La ocasión la pintaba calva para extraer del armario la ropa de invierno: léase inclusive las más propicias para noches de ópera. No era el caso en sentido lato, el de la ópera quiere decirse, pero sí antes al contrario de una sesión teatral de cinco estrellas. La convocatoria pesaba pepitas de oro de envergadura artística. Aún Villamarta no había abierto sus acristaladas puertas y ya -a ojo de buen cubero- el censo sumaba más de mil espectadores. Se barruntaba, por ende, llenazo no sólo en el patio de butacas. El imán de la maestría actoral de Lola Herrera seguía atrayendo la adhesión impertérrita de innúmeros aficionados a las nobles artes escénicas.
Cuando accedimos al interior del coliseo la aclimatación nos reconforta.

Despojémonos, pues, de la cazadora. El programa de mano palpita en su fotografía de portadilla. Los actores -como en un efecto óptico tridimensional- saltan del papel a tu imaginario discursivo. ¿Para configurar una fábula de irreprimibles e imbatibles lecciones morales? Pudiera ser que pudiese. El teatro, como género, no es un subterfugio que zigzaguea en la tentativa esplendente del espectador sino una anticipada indagación en el subconsciente global del aficionado tipo. Para propiciar la más jubilosa y catártica sesión de psicoanálisis colectivo. De lo general a lo individual, como así plumeaba la humanización periodística de sus artículos el gran César González-Ruano.

Los jerezanos son afluentes que ahora dan al río del patio de butacas. Dos chicas acomodan con destreza al respetable. Muchas señoras confunden número de fila con número de butaca. Son -a la postre- números que saltan en el dardo del tablero interno del teatro jerezano. Una predominio de mujeres coetáneas de Lola Herrera concurren con cierta fluidez. La panorámica se puebla de adultez. ¿De tercera edad? Dígase de edad dorada. Me hincha el prurito de aficionado erre que erre. La perdurabilidad del espectáculo teatral viene de muy atrás: la consigna estriba en escalonar los eslabones de las novas generaciones. Hay que perpetuar la afición. Y proyectarla hacia el mañana. Sin duda sobre el criterio de los gestores culturales que programan contenidos de semejante cariz recae la cimera pretensión de conservar e impulsar el continuum del teatro como espigas frescas de un lenguaje sin fecha de caducidad.

Ocho y media. Aún entran los más rezagados. Ya con la prisa asida al pudor formal. Observamos un ambientazo similar al reinante en los anuales Domingos de Pasión, léase Domingo del Pregón de la Semana Santa. A izquierda y derecha toman asiento matrimonios, abuelos, adolescentes -los menos-. Sin embargo no acampa por sus fueros la escandalera. Aquí predomina el saber estar. Todavía restan oportunidades para los selfies de rigor. Al fin y al cabo asistir a una obra teatral de esta índole siempre constituye todo un acontecimiento digno de inmortalización. De consagración en la perpetuidad del pixelado de la fotografía digital.

Ocho horas y treinta y cinco minutos. Se atenúa la intensidad de la luz y gradualmente la oscuridad gana enteros. El telón sube su terciopelo indemne: y arrebola los espacios de limpieza tangible: como un despeje de incógnitas por suelto. La quinta pared cobra protagonismo. Un decorado adusto: sofá con volutas de diván -íbamos a asistir por lo pronto a una ignota sesión de psiquiatría en positivo-, cuadros de molduras sin lienzos, ventanales que dan a los ramajes del árbol de la vida, salón de un piso de segunda planta, penumbras como acechanzas del ocaso vital y una mujer anciana que acuna la duermevela de su soledad… De su pretendida -incluso haciendo alarde de una tenacidad a prueba de bombas- soledad… Es Alejandra. ¿Es la mujer vieja? Es Lola Herrera…

A trancas y barrancas su hijo pequeño, Cris, Cristóbal, a quien no veía desde hacía cuanto menos dos décadas, repecha el tronco del árbol para colarse -nunca de rondón- en el salón sombrío de la casa de su madre. “La velocidad del otoño”, de Eric Coble, es un canto -un grito canoro- a la vida en el crepúsculo de la misma. Pero también una segunda oportunidad para quienes, considerándose jóvenes, no aprovecharon el papel que el destino les brindó ante la inmanencia de la muerte de un prójimo (conocido/cercano o no que fuese). El acoso de la muerte, por ley natural del peso de los años, conlleva y contrae una especie de desentreno en quien la padece. Por falta de antecedentes. Pero asimismo comporta un compromiso de alianza y dignificación de quienes han de asumir el papel de compañeros de los últimos tramos de un tercero. Se trata de la poética conjuntiva del amor entre seres humanos de diferentes generaciones que a la postre han compartido briznas de vida y ahora, llegado siempre el caso, toca turnos de despedida por una de las partes. Ambivalencia experimental que suele darse, Deo volente, entre padres e hijos. Entre una madre, Alejandra, y un hijo, Cris…

A sendos actores se les nota irresueltos y muy cómodos sobre la escena. Con una gigantesca proyección de la voz tan del agrado de los buenos amantes de la oratoria escénica. La cadencia en la pronunciación se agradece desde el minuto uno. Toda frase es entendible. Lola Herrera evidencia su cátedra. Juanjo Artero se crece a medida que el argumento salta del guiño humorístico al tono de veras dramático. Ambos, soberbios de principio a fin. Animales escénicos que otorgan verosimilitud a sus personajes. Sobre el tapete cuestiones éticas a modo de reflexiones punto menos que emocionales: a saber: a) la sabiduría simpaticona de una mujer de larga vida que se aproxima sin ton ni son al final de sus días, b) la tragedia -la impotencia- que desencadena la pérdida de las condiciones físicas e incluso mentales por ley pendular de la edad, c) la necesidad y el derecho adquirido de los ancianos de poder decidir el advenimiento de la muerte tanto en soledad como en el lugar que más deseen -por lo común el propio hogar en detrimento de una residencia-, d) el valor terapéutico de los buenos recuerdos, e) el diálogo -nunca tardío- para el encuentro de uno mismo a través de otra persona allegada, e) la importancia subrayable de la lucha a la hora de mantener la identidad personal hasta la hora nona de la muerte, f) el irrompible amor tácito entre una madre y un hijo que, mudo siempre, ahora se ha verbalizado a favor de la una y del otro y g) el pacto de sangre que, a partir de una razonable concepción de la libertad, revalida la belleza de la vejez.

A veces la vejez asalta de un modo abrupto. Pillando de sorpresa a su presa fácil. Colinda la indignación con la desesperación (no siempre manifiesta). “La velocidad del otoño” derrama lágrimas de privacidad sobre un temperamento tan rudo como desconcertado. Enigmas de una cotidianidad a menudo exasperante. “Él problema eres tú, mamá”, recriminaba Cris a Alejandra. “Estoy envejeciendo: eso es todo”, replicaba la anciana solicitando comprensión. “Estoy envejeciendo y cada día, cada hora, alguien se encarga de recordármelo”. Pero la vejez también es cima. Y es redescubrimiento de una verdad y una beldad serena y vibrante. La del recuento, la del reencuentro, la del reconocimiento, la del agradecimiento. La del deber cumplido. La de la heredad humana al trasluz. La de la sabiduría que sonríe. La del cariño que nos devuelven. La de la confesión in extremis. La de la conciencia que -plena, satisfecha- descansa. “La evolución del hombre: de la niñez a la decrepitud”. Decrepitud es sólo un sustantivo. Lola Herrera así me lo dictó -me lo enseñó- el pasado viernes noche en el Teatro Villamarta.
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Joaquín Baro de Alba




Jerez íntimo – Marco Antonio Velo – Diario de Jerez

Existen y coexisten -¿subsisten?- nombres propios en el nomenclator -en el dramatis personae- de la Historia y la intrahistoria de la Semana Santa de Jerez que, siendo todos palabras mayores, suenan a chino mandarín o a latín macarrónico a las novas generaciones de cofrades. Ni pajolera idea de quién fue quien. Por desajustes del eje de ordenadas y de abscisas de lo coetáneo y lo contemporáneo. Y por la mascarada de la desinformación latente. E incluso por la pusilanimidad o la incapacidad de la transmisión in generacion et generationem. ¿Qué actualidad comportan los legendarios cofrades de antaño para los chaveas de hoy día? Algo así como un incoloro, indoloro e insípido censo de antecesores “celosos de Dios” cuya heredad sí palpamos a manos llenas -la herencia cofradiera del inventario artístico- pero sin embargo no así la prospección -la identificación- de sus rostros con nombres y apellidos.

Si el verdadero patrimonio de una Hermandad son sus hermanos, el busilis de la Historia de nuestras cofradías también lo configuran aquellos que -ad maiorem dei gloriam- fueron artífices y hacedores. Fueron gestores y ejecutantes. Fueron cerebros y luchadores. Fueron líderes y fueron anónimos. Fueron lustre y no lastre. Fueron oradores y fueron fabriqueros. Un año y otro, una Junta de Gobierno y otra, besando sueños y quemando etapas y rebasando sinsabores y renovando repelucos del alma. Sin expurgos ni plenilunios de gomas de borrar.

La ingravidez de la amnesia casa mal con la espesura del desconocimiento. A veces la noche de los tiempos tiene floraciones de olvido. A veces fluimos entre lo fanático y lo gregario con descontrol de saltimbanqui. Ha acontecido con el fallecimiento de Joaquín Baro de Alba. La noticia ha pasado de puntillas por los teletipos de las nuevas tecnologías y por las radios de cretona de nuestros teléfonos inteligentes. Será porque el bueno de Joaquín jamás gastó pólvora en salvas. Ni tampoco desperdició saliva en vano. Ni su órbita fue la cresta de la ola. Ni se quiso cofrade de manual de estilo. Ni añoró la turbamulta. Ni se creyó la exasperación de un enfant terrible. Ni escarbó en las alcantarillas de la vanagloria. Ni cultivó la quietud como suprema norma.

Joaquín Baro siempre anduvo en las antípodas de la inopia: esto es: ejerció de pragmático incapaz de flaquear en el camino de Damasco. Tallaba recursos humanos en torno a una ilusión. Con despacio y buena letra. Un purista y un jurista (taxativo) de las cofradías en su concepción evolutiva. Amaba a destajo el canon no escrito y la solemnidad cultual de la Santa Cuaresma. No concibió las hermandades como puertos de Arrebatacapas sino como espacios de espiritualidad manifiesta. El que las sabe, las tañe.

Presidió sus Hermandades de la Lanzada y Santa Marta. Trabajó a brazo partido por la refundación de la Hermandad de la Humildad y Paciencia. Desempeñó el cargo de secretario del Consejo Directivo de la Unión de Hermandades. Se movilizó, hincó quijada en los legajos de las bibliotecas, quiso codearse con los prebostes de la sapiencia semanasantera de posguerra, compiló un inédito y transpirable archivo cofradiero personal -un tocho y otro tocho y otro…-, advertía, verbalizaba… Un dato que presumiblemente muchos desconozcan: con Paco Barra, Ignacio Rodríguez Leonardo y el fotógrafo Tarrío trabajó con denuedo para reorganizar, en Santo Domingo, la Hermandad de San José y añadirle el misterio de los Afligidos -intentona que al cabo no fluctuó a instancias superiores-.

Dueño de una conversación ágil y acompasada. La voz algo atiplada. Clásica era su figura de hombre de cierta envergadura revestida de gabardina -ancha la espalda-, pantalón gris oscuro de dobladillos cortos, andares lentos y muy abiertos y un maletín a la antigua usanza balanceándose de costero a costero en la agarradera de la mano derecha. La cabellera, abundante, como repeinada de frescor de plata. Sufrió lo suyo en la prueba del laberinto de la vida. Joaquín Baro fue, sobre todo, un (penitente) andarín de convicciones propias. ¿Un incomprendido? Qui sait!

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De aquellos versos de Juan Lupión Caro





Rescatamos el documento personal de un ejemplar cofrade anónimo 

MAV- MIRA 

La Historia de la Semana Santa de Jerez está enhebrada de ejemplares cofrades anónimos. Cristianos que supieron hacer de su sencillez, de su tesón, de su amor inconmensurable por Cristo y María... una divisa existencial. Hombres y mujeres que jamás quisieron para sí los laureles del reconocimiento. Ni la vitola de ningún protagonismo. Tampoco buscaron siquiera -aún mereciéndoselos- cargos directivos ni tentáculos de poder. Sirvieron con tenacidad a las hermandades desde el posicionamiento del segundo plano. De la discreción, de los años consumados y nunca consumidos. En la pequeñez de su humildad hacían grandes a las corporaciones a las que pertenecían.

Es el caso del recordado Juan Lupión Caro. Para las nuevas generaciones, un cofrade desconocido. No así el apellido, tan destacado por otro lado en Hermandades como las Sagradas Cinco Llagas o el Santísimo Cristo del Perdón. Nuestro hombre fue un apóstol según Dios. Predicando a diario en la iglesia doméstica del inagotable cariño a raudales que profesaba por su familia: mujer y tres hijos que eran algo así como la luz de su razón de ser. Juan Lupión Caro se caracterizó por su trato fácil, sus obras más que palabras, y la fecundidad de su evangelización sin oropeles. Sentimientos hacia adentro como contención de una fidelidad inquebrantable a los mandamientos de Nuestro Señor Jesucristo.

Era común presenciar su figura delante de los pasos, caña en la mano derecha y pabilo en la izquierda. Encendía pasos durante la Semana Santa. A la antigua usanza. Es decir: con conocimiento del oficio pero asimismo con una profusa formación cristiana. Dominaba la liturgia hasta extremos insospechados. Dado siempre a la intimidad de las sacristías y la asistencia a la Eucaristía. Sabía muchísimo de cultos de Hermandades. Tanto que no pocas Hermandades le consultaban esto y aquello como medida de seguridad del correcto cumplimiento litúrgico.

Juan Lupión quiso a su mujer, Charo, con locura. Toda ella era sus pies y sus manos. El propósito de su sonrisa y la fontana de su sed. En octubre de 1986 enviudó después de afrontar el matrimonio el sostenimiento de la enfermedad como el más iluminado paradigma del amor. Meses después, ya en 1987, la Hermandad de la Coronación de Espinas tributó a Juan un sentido y merecido homenaje con motivo del cincuenta aniversario de su labor como sacristán de la Capilla de los Desamparados y sus décadas también ejerciendo de encendedor de la cofradía. Para tal ocasión el homenajeado escribió a mano unos versos con los que corresponder el gesto de la Hermandad del Domingo de Ramos. Unos versos que comenzó leyendo visiblemente emocionado y que concluyó ya sumido en un llanto de corazón encogido mientras acurrucaba, en la palma de una de sus manos, una foto de carnet de su esposa.

Recuperamos hoy, como documento oficioso de curiosidad cofradiera, el escrito original de los versos de Juan Lupión Caro con motivo del homenaje de su Hermandad de la Coronación. Dicen así: “Cada vez que enciendo un cirio/recuerdo que eres la luz./Quiero conducir mi vida/tras esa estela, Jesús./ Medio siglo a tu servicio/en la casa del Señor./No ambiciono ningún puesto/ni quiero Gloria mayor./ A la esposa que me diste/ has llevado junto a ti./ En el lado que ella ocupa/ guárdame otro puesto a mí./ En procesión permanente/vela encendida mi fe./ Aunque soplen vientos/ de impiedad no apagaré./ Yo sujetaré mis pasos/en todo a tu voluntad./ Y a la voz de tu llamada…/te contesto: aquí está Juan”.

Sirvan estas breves líneas para recordar a un cofrade anónimo que supo dar lo mejor de sí desde la sabiduría -siempre alta- de la bondad personal. Reine su ejemplo en los corazones de todos cuantos tuvieron la dicha de conocer su entrega sin medida al Evangelio de Cristo.

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El sacerdote argentino Gabriel Díaz Patri, hoy en la sede del obispado de Jerez




Hoy martes 14 de noviembre tendrá lugar, a la 20:00 horas en el Auditorio San Juan Pablo II del Obispado de Jerez, una nueva conferencia correspondiente al ciclo de intervenciones mensuales que organiza la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP). El conocido sacerdote argentino Gabriel Díaz Patri ofrecerá ‘En épica defensa de Occidente, Chesterton y la herencia cultural cristiana’. Es profesor de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Buenos Aires y miembro del Centro de Estudios Filosóficos Medievales de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo.

Gabriel Díaz nació en Buenos Aires en 1961. Obtuvo los títulos  de Profesor y Licenciado en Filosofía en la Pontificia Universidad Católica de Buenos Aires. Ordenado sacerdote en  1991 en la diócesis de San Luis (Argentina) de la que  fue Canciller,  y  Vicario  episcopal para la Educación y  a la vez profesor del Seminario diocesano; tuvo además otros cargos  diocesanos (Delegado diocesano para los Bienes Culturales de  la Iglesia.  Delegado diocesano para  la organización del Gran Jubileo 2000 de la Conferencia  Episcopal Argentina. Delegado diocesano para el ecumenismo y relaciones con el Judaísmo). En la actualidad es párroco  de la Iglesia  de la Ssma. Trinidad en  París para los católicos rusos de Rito  Bizantino residentes en Francia. Simultáneamente a  estos  cargos pastorales ha desarrollado tareas de  enseñanza e investigación relacionados sobre todo con la Filosofía, el Latín y  el  Griego cristianos y  la Historia comparada de la Liturgia de oriente y  occidente.

Es  miembro del Centro de Estudios Filosóficos Medievales de la  Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo (Argentina) donde  es Jefe de la  Sección de Estudios de Liturgia Medieval. Intervino en  el VII coloquio de estudios históricos, teológicos  y canónicos sobre el rito romano organizado por el CIEL (Centro Internacional de Estudios Litúrgicos) con una conferencia sobre  el tema  «Unité  de la foi et diversité  liturgique» (Versailles, Noviembre 2001). Y  más recientemente, también en  el  contexto de un coloquio del  CIEL esta vez en Merton College (Universidad de Oxford) trató de La poesía en la  Liturgia latina (Oxford, Septiembre del 2006).

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“El público jerezano captará en Villamarta una metáfora de nuestra trayectoria teatral”





La Zaranda exhibe este viernes su particular universo en 'Ahora todo es noche'

El teatro -como arte escénico- es creación de autor. Mensaje unipersonal o grupal. Funcionalidad intertextual. Descodificación de mensajes interpuestos por el sistema (enhebrado) de discursos dominantes y, en consecuencia, predominantes. El teatro también consigna claves de desahogo y de oxigenación social. Poesía en clave de desgarro. O linealidad de metáforas esclarecedoras. La compañía jerezana La Zaranda destaca sobremanera en el rasgo y en el rango interpretativo de un discurso siempre latente a flor de piel. Este próximo viernes suben de nuevo sus actores a las tablas del Teatro Villamarta. Recreando y adobando un universo forjado con la gubia de la palabra cualitativa. Y, de nuevo, una metáfora que enmarca la cuadratura del círculo. Una greguería con entonación de oratoria tan literaria como acusadamente psicológica. Una circunscripción fluyente a cuarenta años de carrera.

El argumento reincide en los azotes de la existencia. Tres mendigos buscan un lugar donde dormir, un cobijo para los temporales de la vida. Y advierten, dentro de su miseria, que es nefasto no saber dónde ir, pero que peor es no saber dónde se está. Ésta viene a ser la primera declaración de intenciones de una obra donde, de alguna manera, la historia de esos vagabundos es la autobiografía de La Zaranda 40 años después de su fundación. “Hemos intentado que el montaje sea una metáfora de nuestra trayectoria. Hay un poco de todo, aunque la intención es que fuera algo más desnudo porque con la edad obsesiona ir a lo esencial”, señala Eusebio Calonge, el autor de cabecera de la compañía. En cualquier caso, Calonge vuelve a asombrar con un texto lleno de verdad y poesía, con esas frases estremecedoras, llenas de hondura y entrelazadas con las típicas letanías casi absurdas de los personajes. Unos personajes que interpretan Paco de La Zaranda -que también hace las veces de director-, Gaspar Campuzano y Enrique Bustos. Consecuentemente, la excelencia actoral está servida.

Los perdedores -los desfavorecidos, los sin techo, los desplazados sin trampa ni cartón- hacen acopio de la prosa poética y de las letanías de quejidos que resuenan como latidos de impotencia. En este sentido, los personajes clásicos del teatro a los que les arrebataron sus reinos -Segismundo, Prometeo y el rey Lear- aparecen sobre el escenario convertidos en tres mendigos. “En nuestra profesión siempre bordeamos esas situaciones. Si desde fuera lo que se ve son muchos premios y el mundo del famoseo, lo que se oculta detrás es una precariedad absoluta”, señala Paco de La Zaranda.

Con el mazo dando, siempre. Al pie del cañón. En la investidura de la inestabilidad de todo ser humano. En esta parábola de la existencia -donde nadie está seguro y cualquiera puede acabar en la miseria- los intérpretes aseguran en escena que “en ganar no está la gloria, sino en morir batallando”. En otros momentos de 'Ahora todo es noche' los actores se quitan la 'máscara' y hablan con la voz de La Zaranda. Es aquí cuando confiesan al público las cosas que les han ocurrido en estos cuarenta años de trayectoria artística como compañía teatral. Además de la envidia, el desengaño, las heridas y las cicatrices, no falta el sarcasmo y la crítica feroz contra el poder. Signo de una cultura desbordante al fin y al cabo.

Los jerezanos no obstante podrán deleitarse con el sello característico de La Zaranda. Según el autor, la obra continúa siendo fiel al “compromiso poético insobornable” que caracteriza la estética teatral de La Zaranda. En este caso, buscando el objetivo de “nuevas formas de hablarle al alma de cada hombre”, añade el dramaturgo. Pese a lo pesimista del título, los miembros de esta compañía reivindican el valor del teatro en 'Ahora todo es noche'. “Dentro de la cueva de platón que es el mundo, nosotros mantenemos esa llama, ese espíritu de La Zaranda intacto”. Y ese atisbo de esperanza también aparece en sus trabajos porque “el espíritu humano es capaz de vencer todas las atrocidades y horrores a los que le somete el mundo”. Afán de superación para crecerse en la adversidad. La vida visible de las tempestades invisibles. Teatro en estado de gracia.



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Emotivo homenaje lírico a Manuel Benítez Carrasco en la Academia



Este tributo aportó una excelente declamación poética del académico y rapsoda José Marín Carmona

La Real Academia de San Dionisio de Ciencias, Artes y Letras celebró anoche un acto público consistente en la presentación del libro -editado por Ediciones Giralda- que lleva por título “De ayer y de hoy” y que recoge poemas inéditos del recordado poeta granadino Manuel Benítez Carrasco. Presidieron dicha sesión pública el presidente titular de la Real Academia de San Dionisio Joaquín Ortiz Tardío, el vicepresidente de Letras Francisco Antonio García Romero y el Secretario General de Honor Andrés Luis Cañadas Machado, quien tuvo a su cargo la presentación y coordinación del acto. Excusó su asistencia Jesús Rossi López de Castilla quien, por un accidente físico de última hora, no pudo glosar la obra presentada, como así se había previsto inicialmente. Sí estuvieron presentes representantes de Ediciones Giralda.

Asimismo tuvo una actuación destacadísima el académico de San Dionisio y rapsoda José Marín Carmona en su encomienda de recitar un ramillete de versos de las obras completas del anoche homenajeado poeta granadino. Marín Carmona declamó la práctica totalidad de los poemas de memoria, dotando a su actuación de una enorme envergadura interpretativa de alta calidad actoral. Marín por tanto levantó la ovación del público concurrente en repetidas ocasiones. Y, del mismo modo, acercó el acento poético de Manuel Benítez Carrasco a nuevos públicos desconocedores de la hondura y la profundidad literaria del autor de obras como “Caminante y México”.

La próxima semana, concretamente el martes 14 -a las 19.30 horas y en la sede de la corporación, sita en calle Consistorio número 13- la Real Academia de San Dionisio acogerá la ponencia titulada “Un estudio comparado de la regulación de los diversos aspectos de la lidia del toro bravo en los reglamentos taurinos vigentes” a cargo del Académico Correspondiente de esta Corporación Luis Javier Gutiérrez. Será presentado por el Secretario General de la Academia y Académico de Número Juan María Vaca.

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PROGRAMACIÓN CULTURAL

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