Curso online Herramientas para un Plan de Internacionalización de éxito en el sector cultural


Fechas: Del 1 al 13 de abril de 2019
Lugar: Plataforma online de GECA
Precio: 60 € para miembros de GECA, APS, AMMA, UPTA y resto de asociaciones de FEAGC
75 € matrícula general
Inscripciones: Hasta el 25 de marzo.
Colabora: Escuela Pública de Formación Cultural de Andalucía (Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía)
A través de este curso impartido por Marcos García Alonso, un experto en la materia, nos introduciremos en las claves para conocer mejor el mercado internacional, aprenderemos a adaptar nuestros proyectos a otros mercados y conoceremos las fuentes internacionales de financiación de proyectos.
OBJETIVOS GENERALES
• Mejorar y contribuir a la actualización conceptual, metodológica y técnica de los profesionales del
sector
• Entender las particularidades de un proceso de internacionalización
• Identificar oportunidades, sistemas de financiación y ayudas para la internacionalización en el
sector cultural y creativo
• Favorecer el dominio de los instrumentos y habilidades que contribuyen al impulso y fomento fuera
de nuestras fronteras del sector cultural y creativo como un apoyo para superar las dificultades de
comercialización exterior de los productos y servicios creativos
• Ofrecer conocimientos sobre el marco legal, administrativo e institucional en el que se producen y
elaboran las estrategias de internacionalización
CONTENIDOS
✓ U.D.1. Introducción a la internacionalización y promoción exterior de una propuesta de base
creativa. ¿Puedo internacionalizar mi proyecto?
✓ U.D.2. La organización económica internacional y los retos actuales en el ámbito de la cultura. El
comercio exterior y la acción cultural exterior
✓ U.D.3. Qué es un análisis de mercado. ¿Cuál/es puede/n ser nuestro/s mercado/s objetivo?
✓ U.D.4. Planes de apoyo económico para la internacionalización de las ICC. Fuentes de
financiación
✓ U.D.5. Marco legal aplicable a la gestión e internacionalización en el sector cultural y creativo:
negociación, contratación y gestión financiera
✓ U.D.6. Herramientas de promoción internacional. El marketing internacional de la cultura
✓ U.D.7. Maximiza tus resultados. Las ferias comerciales internacionales: ¿son útiles?
DOCENTE
Marcos García es consultor internacional de Music Business & CCI’s (Cultural & Creative Industries) con mas
de 10 años de experiencia para diversas instituciones públicas y compañías en los mercados EE.UU., LatAm y
España. PR & Corporate Comms Director en EE.UU. de la agencia de comunicación FJ Communications y CEO
de la consultora MAGAR Cultura. Ha trabajado en proyectos internacionales para Visa Inc,. Google, SWISS,
WesternUnion, Total Lubricantes, Royal Enfield, SoL_Network®, SXSW, AECID, ICEX, EGEDA, The Knight
Foundation, Art Miami, Love of Lesbian o el Manchester City, entre otros.
Ha participado como experto en diversas ponencias y mesas en torno a la internacionalización de las
Industrias Culturales y Creativas, y como profesor colaborador en el Máster en Industria Musical y Estudios
Sonoros – UC3M; Máster en Internacionalización y Cooperación de la Gestión del Sector Cultural y Creativo –
Universidad Complutense – Postgrado en Gestión Empresarial de la Música – Universidad de Valencia; y el
Departamento de Propiedad Intelectual de la Universidad de Oviedo.
Además, es músico profesional desde 1.999. Ha participado en una veintena de grabaciones y ha realizado
giras en Europa, Latinoamérica y EE.UU.
Actualmente compagina su labor como consultor internacional con la Dirección Territorial de MagmaCultura.
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Cuaresma, Luis Cruz, Valdés Leal…



Marco A. Velo – Jerez íntimo – Diario de Jerez

Alfa: James Hilton, en su novela ‘Horizontes perdidos’, creó y recreó una tierra de felicidad permanente -al estilo de la mítica utopía del Himalaya- a la que denominó Shangri-La. En sus transgresoras y sanadoras páginas todos los que allí habitan son prácticamente inmortales. Pero no obstante -si repasamos su dramatis personae- ninguno posee el (interplanetario) elixir de la eterna juventud. Quizá porque -¡craso error del hombre postmoderno!- no debamos concebir la eterna… sino la constante -¡estado mental siempre: predisposición hacia el carpe diem!- juventud. Viene a cuento y a colación este -voladizo y no volandero- introito a resultas del inicio de la cuenta atrás, de la impaciente desmedida del almanaque a ojos vistas de los católicos: la Santa Cuaresma.

El Miércoles de Ceniza nos propina un sopapo electrizante en la mejilla menos irredenta. Ya he comentando e incluso escrito por activa y por pasiva que -con solución de continuidad además: marciare, non marcire: avanzar, no pudrirse- nos sumergimos de rondón en el diccionario de sinónimos de la vanagloria, de la megalomanía, de las leyes de cartón mojado del yoísmo. Sin embargo -¡zasca en el cogote!- la imposición de la ceniza nos recuerda que el hombre es frágil, rompible, quebradizo, finito, tierra en potencia. “Si al final seremos tierra nada más”, cantaba Victoria Abril en la melodía de cabecera de la recordada teleserie ‘La barraca’. En la horizontalidad del Miércoles de Ceniza subyace la verticalidad de la reinterpretación del tiempo. Tempus fugit.

Porque el tiempo es el breviario del abrir y cerrar de ojos. El minutero de Valdés Leal. In ictu oculi. Puro Ovidio: “El tiempo corre, y silenciosamente envejecemos, mientras los días huyen sin que ningún freno los detenga”. Puro Plutarco: “Tener tiempo es el bien más preciado para quien aspira a grandes cosas”. Puro Oscar Wilde: “Cada instante que pasa nos arrebata un trozo de rostro”. A veces, por veces, a menudo nos creemos -al desgaire- los dioses del Olimpo de nuestro derredor. Superhombres de agua destilada al fin y a la postre. Sobreviene la Cuaresma acunando y acuñando sus enseñanzas poliédricas. Y su único mandamiento. La cruz en la frente es el imprimátur del Génesis (Cap.3, Vers. 19). Memento, homo, quia pulvis es et in pulverem revertitis”.

Beta: A propósito de determinado asunto de actualidad cofradiera acabo de leer una frase de Luis Cruz de Sola que es el catón puro, el Evangelio sin dobles interpretaciones, la Biblia en su suprema actualización del convulso siglo XXI. Dice el destacadísimo cofrade de San Miguel y asimismo de la Semana Santa de Jerez: “Algo que no es verdad, aunque se repita millones de veces, sigue siendo algo que no es verdad". ¡Para quitarse el sombrero! ¡Una máxima, un aforismo, un antología de dictado único, un postulado, una premisa, una deontología de carácter preventivo, un código de honor, un pacto de sangre!

Gamma: ¿Qué diantres subyace bajo las ínfulas del a veces autocomplaciente mundo de las hermandades para que –como un velocípedo del calendario- prejubilemos a cofrades válidos y harto necesarios a tenor de los tiempos que corren? Cristianos a capite at calcem, de la cabeza a los pies, experimentados y nunca expedientados, diáfanos como la tersura de Cristo Rey, estos maduros en la Fe parecen abruptamente relegados a los cuarteles de invierno. A una retirada anticipada. A un finiquito forzoso o forzado. A una despedida nunca a la francesa.

Para mí tengo que el Jerez cofrade sufre de una desbandada de gente de bien de dorada edad. ¿En qué medida influye que cualquier decisión como dirigente los coloque en la punta de la picota del digital insulto pueril, de la descalificación sobredimensionada, del toma y daca del escarnio en la red de redes cuando, al margen de cofrades, son señores de pulcra imagen pública, respetables trabajadores de su empresa, honrados padres de familia y católicos sin veleidades? ¿Se retiran los válidos -con uve- de nuestras Hermandades por culpa de los balidos -con be- que también son okupas intrusos de las mismas?
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Cofrade precoz



Marco A. Velo – Jerez íntimo – Diario de Jerez

Nos adentramos en la penumbra del templo como quien accede a la atmósfera de lo irrequieto. Todo era altura catedralicia, trenza de latidos casi arrítmicos y volutas de incienso como envoltorio neblinoso de este aire que -ingrávido- también enmudece. El andar quedo, la presencia pretendidamente discreta, el silencio tan vocacional como autoimpuesto: no éramos convidados de piedra ni tampoco intrusos en casa ajena. Allí nos querían a raudales: lo sabíamos a ciencia cierta y por esta casi congénita razón acudimos, puntuales a la cita, mi hermano Eduardo y yo. Pongamos que hablamos de un Sábado de Pasión cuya estrofa de amor es como aquel ruiseñor “que no mira a la tierra desde la rama verde donde canta”. Presagios de primavera. Albores de Semana Santa. Mediados de los años ochenta…

Están ambos pasos de la cofradía ya montados por la pureza de este siempre veterano equipo de mayordomía comandado por dos hombres buenos también en el sentido machadiano del término: Pedro García Rendón y Juan Ruiz Pérez. El palio es una simétrica voluntad de perfeccionismo estético. Algo así como la rueda de la fortuna de un humanismo con nombre de María. El del crucificado, ahora, aún enhebrando el vertical vacío de la alta cruz. Dorado retablo de zancos y zambrana. Estas andas son, por ende, madera con inminencia de divinidad. Crujido sordo de proximidad. Altar itinerante con ansias de coágulos de Salud.

La mudez impera. Y la ausencia de ademanes y movimientos bruscos. Todos permanecen en pie, situados en semicírculo, a cierta distancia, sobre el frontal del paso del Señor. Como una platea sin silletas para presenciar el rito de lo secreto. La oscuridad posee momentos de arrobo e instantes de percepción visual. Advertimos a medias los rostros de cofrades clásicos de este San Miguel que hoy nos preselecciona para el calambre emocional de lo no vivido: la subida del Santo Crucifijo a su paso de salida. Reconocemos a un cofrade ejemplarizante,  entregado de por vida a la causa de esta vocación sin pretextos: Ángel Jorge Osorio -otrora teniente hermano mayor de una cofradía que, andando el tiempo, elegiría a su propio hijo Rafael como hermano mayor para así regir los designios de estos nazarenos de  negro que cada Madrugada Santa revalidan el sempiterno llanto de la doble campanada-.

En las páginas -que son pulpas de caligrafía de mano seca- de su obra ‘El discurso de la mentira’, Joaquín Romero Murube escribió que “la ciudad está en todas partes y los matices íntimos, los recónditos, se nos ofrecen en los lugares menos esperados”. Así es en efecto: ahora toda trascendencia de Jerez se espejea en el mármol de este suelo que es reflejo de doseletes y ecos de gubia de Juan Martínez Montañés.

Ya van alzando al Rey de Reyes los priostes de la cofradía. A Luis Cruz de Sola se le abrillanta la retina. A su derecha un señor de pelo cano, bigote recortado, mediana estatura, corbata negra y postura hierática, comanda toda la escena sin apenas inmutar el gesto: se trata de Rafael Cruz Molins, el hermano mayor paradigmático. Dios ya arriba… Y, en grado de fusión inmediata, subyace como la prenatal cristalización de una dulzura cristífera.

En un repente, como brotado de ninguna parte, pero con un determinismo de omnímoda libertad, un niño sale corriendo -un niño de apenas tres o cuatro añitos que nadie antes había advertido en rincón alguno- y, acelerado por la prisa de la atracción connatural a su ser, se dirige sin mirar atrás, como si no amaneciese un mañana, hacia los faldones del paso de Currito el dorador.

Levanta la mirada… Como un imán de carne de la carne del Redentor. Su padre se apresura a retirarlo de tan privilegio lugar. Pero, con una voz rotunda en exhalación, Rafael Cruz exhorta: “¡Déjelo, déjelo: he ahí a un cofrade precoz!”. Un cofrade precoz. Y el niño… ni pronunció palabra, ni provocó el más mínimo ruido. Permaneciendo a las plantas de su Cristo, embobado, mas siempre en silencio. En ese silencio evangélico de una cofradía señera que agavilla caracolas de oraciones en las sienes del tiempo detenido de la vida.
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Llagas, Nazareno y el acuerdo plenario


Marco A. Velo – Jerez íntimo – Diario de Jerez

De entrada, una fortísima ovación para todas las Hermandades que configuran la Semana Santa de Jerez -todas sin excepción alguna- porque, como obras de Dios que son, merecen el máximo respeto y alabanza ante la pequeñez y la insignificancia de nuestra ínfima estatura humana. Una Hermandad – todos los hermanos que pertenecieron y pertenecen y pertenecerán a la misma, los devotos que rociaron de plegarias la unción de las Sagradas Imágenes, los milagros no descifrados durante décadas, la Fe cimentada a golpe de llantos y de súplicas y de comisuras que sonríen a las plantas del Señor de los amores de tantísima gente que ya no late entre nosotros y de tantísima marea humana que los siglos continuarán atrayendo hacia las hechuras de cada cofradía, todas tan diferentes en lo puramente visible pero tan divinas en lo esencialmente invisible-, una Hermandad , sí, entraña una magnitud ante la que sólo debemos admirarnos los que nos consideramos cofrades por la gracia de Dios. ¿Quién es nadie para arremeter contra la grandeza y la trascendencia de estas instituciones penitenciales, tan dimanadas de las señales del cielo, tan cubiertas de suspiros con nombres propios, tan engarzadas en el eslabón de lo secreto? ¿Cómo puede asegurarse que una cofradía de Jerez, o varias, por no sé qué infundado dislate de referencia estética, “no llega al corazón”? ¿Quién es nadie para sustanciar qué Hermandad, qué Sagradas Imágenes, llegan al corazón de cada persona? ¿Hemos perdido el juicio?

Enumero con frases cortas en evitación de las dobles lecturas. Lean con los ojos bien abiertos lo siguiente: la Hermandad de las Cinco Llagas no quiere quitar la banda de la Cruz de Guía del Nazareno. Jamás fue su intención. Se ha repetido hasta la saciedad. Existen titulares periodísticos proyectados con no sé qué intención de confundir a la opinión pública. ¿Para echar carnaza al fuego de  lo inexacto? Las Llagas no quiere “cargarse” la banda del Nazareno. Esto es rotundamente falso. No quiere que desaparezca. Ni siquiera se muestra indiferente ante esta posibilidad. Tan es así que no ha llevado este tenor a votación  -no lo lleva- a Pleno Extraordinario de Hermanos Mayores. Las Llagas no va a permitir esta intromisión en la idiosincrasia que pertenece genuinamente a cada corporación penitencial. ¿Quién es las Cinco Llagas para ejercer ningún intrusismo decisorio sobre las formas estéticas y la disposición o el diseño procesional de la Hermandad hermana de Jesús Nazareno? Jamás de los jamases. Pero igualmente al contrario, ¿verdad que sí?
                
Las Llagas lo que exige -está en su derecho- es que se cumpla el acuerdo plenario vigente aprobado en Pleno de Hermanos Mayores y que actualmente – de ya bastante tiempo a esta parte- se viene aplicando a todas las cofradías de Jerez excepto para con esta institución cofradiera de blancos nazarenos. ¿Pero es posible conjugar ambas naturalezas: que las Llagas no sea una excepción en la normativa vigente de obligado cumplimiento -y que su paso de palio procesione en silencio- y asimismo que Jesús Nazareno lleve su banda delante de la Cruz de Guía? Por supuesto que sí. Y a sabiendas de esta posibilidad, las Llagas inicia los trámites archisabidos a partir de la muy injusta situación de absoluto desamparo en la que se encuentra inmersa tras la inoperancia del Consejo de Hermandades, órgano que no estudia ninguna alternativa dable -incluso rechaza alguna ofrecida por la propia Hermandad de las Llagas- para que el acuerdo en vigor se cumpla sin perjuicio de ninguna de las partes. Además el incumplimiento de este acuerdo plenario no acarrea sólo un conflicto entre dos cofradías, como es el caso que nos ocupa, sino que abre la posibilidad de otros similares de cara al futuro más o menos inmediato de nuestra simpar Semana Mayor. Los acuerdos plenarios están para cumplirlos. Pero no con todas las Hermandades excepto con una, que además se ve perjudicada. No hay problema que no pueda solucionarse en beneficio de todos. Las cofradías así lo merecen. Sin titubeos, sin ocultismos. Sin vacilaciones. ¿Rivalidad? Nunca. ¿Entendimiento? Siempre.
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Angelita, Genaro y la dirección contraria



Marco A. Velo – Jerez íntimo – Diario de Jerez

Alfa: En su novela ‘El torero Caracho’ Ramón Gómez de la Serna -el versátil creador de las greguerías- escribió lo siguiente: “Los tranvías en dirección contraria a la plaza chirriaban de disgusto en las curvas”. Viene al pelo la frase en cuanto entronca con una conversación a tres que mantuve el pasado viernes con dos periodistas sevillanos tan leales como amigos: el uno de Onda Cero y el otro de ABC. Parlamos por largo. Al amparo de una ensaladilla de pulpo a  la gallega. En la Canasta del catavino encestamos el rico elemento de Williams. Los tres más anchos que panchos. Y salió a colación -como en Big Bang del decurso de nuestra charleta sin orden ni concierto- las favorables o gravosas consecuencias de tomar la dirección contraria -como acto responsable o negligente- cuando posees mando en plaza. Cuando barajas poder institucional. De mayor o menor grado. Tomar la dirección contraria tiene su haz y su envés. Adoptar una actitud subversiva -a contracorriente- en pro de la mejora de la mayoría es signo que honra al dirigente. Por el contrario: tomar las de Villadiego y saltarse a la torera la norma escrita -la ley, la normativa en vigor- aprobada por los órganos competentes para así escenificar un abuso de poder resulta, cuanto menos, poco edificante. Existe una diferencia sustancial entre estas dos maneras de tomar la dirección contraria: la primera es justa porque -en su rebelde giro copernicano- anhela el bien común; empero la segunda -en su aplicación unilateral- sólo beneficia a la parte por el todo.

Beta: Cruzo de este a oeste la Plaza del Caballo. Hace un frío que hiela el costillar. Las bufandas ocultan toda comisura de los viandantes. Sin embargo el sol asoma en lontananza: como un guiño dorado del difuso horizonte. Que suban las temperaturas sólo es un litigio del pensamiento. Un toma y daca del presentimiento. Me topo de bruces con Angelita Gómez, que es torbellino de bondades con pestañas de arrobo adolescente. La mirada de Angelita no ha cumplido nunca más de diecisiete años. En su retina perdura la belleza de lo inmarchitable: la vivacidad sin trabazones: la porción de realidad que siempre conserva su pureza (femenina). Angelita Gómez gesticula en su expresivo lenguaje no verbal. Y me regala la cadencia de un verbo que traduce la candileja serena de la edad adulta. Anduvo pachucha esta bailaora inimitable. Nos dio un susto de órdago a sus allegados. Aquel zarandeo de la salud ya es pasto de olvido. Aunque no descuida su recuperación: “Ya me encuentro mucho mejor pero no salgo por la noche, por eso no puedo ahora asistir a los actos de la Academia. Me tengo que reservar porque puedo coger una neumonía y el médico me ha dicho que, con el tiempo que hace, sería fatal para mí”. Nos profesamos cariño mutuo. Ella depara raigambre artística a la ciudad. Nos despedimos a cámara lenta. Me marcho esbozando una sonrisa que no esconde ninguna superficialidad. Angelita, siempre rítmica y siempre dulce: como la destreza racial del baile flamenco.

Gamma: Mi hermano y amigo Genaro Benítez Gil -durante décadas exquisito y elegante embajador del vino de Jerez por medio mundo, como un minué coreográfico de las buenas formas con una venencia en la mano- está de franca enhorabuena. Acaba de ser abuelo. Ha nacido a la vida -como una explosión que irriga sangre a la nova bienaventuranza- el niño Genaro Benítez Roa, hijo de Genaro Benítez Ruiz. De casta le viene al galgo y de tal palo, tal astilla. Antes que después este flamante abuelo recibirá el reconocimiento local que con creces merece. Su labor social -gratis et amore- en aras de los más desfavorecidos ha de corresponderse con nombramientos que ya se hacen esperar en demasía. Discípulo aventajado de Pedro Guerrero González -jesuita que su santa Gloria goza- y cofrade innominado. Genaro está hecho de otra luz y de otra plática. Como un verso de fulgor y léxico. Como la sarga blanca de una túnica nazarena.
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Jerezanos en estado puro

Marco A. Velo – Jerez íntimo – Diario de Jerez

La personal exposición pública está a la orden del día en nuestra omnipresente -y así tácitamente denominada- Era Digital. La exposición pública y la sobreexposición publicada. Existe una tendencia a veces monomaníaca a sobreexponer la intimidad -e incluso la privacidad- por mera pulsión protagónica o por efímero disfrute del volátil minuto de gloria (virtual). A voluntad, además. A tomar por la retambufa la férrea conservación de ciertos márgenes de anonimia. Baste con echar una ojeada a la telaraña -ese marasmo a la rebujina- de Facebook. Donde algunos y algunas -al decir de los incorrectos habladores subyugados por el adoctrinamiento ideológico imperante- no cesan en el empeño de mostrar una (ficticia) vida idílica como postizo marchamo de su propia realidad -autoengaño con efecto retroactivo- o colocan en el escaparate de esta red social hasta cuanto el pudor privativo prohibiría sin concesiones. Mas ahora la libertad de expresión calza con la libertad de publicación (del yo, me, mi, conmigo “o acompañado de otros”).

Este desbarre de la voluntad -este desasosiego por mostrarse ante la masa globalizada- ha creado incluso una adicción en cuarto creciente: la nomofobia: esto es: esclavos del teléfono móvil (por un desequilibrio descontextualizado del correcto uso de las redes sociales -cuya eficacia nadie pone en solfa: ni siquiera este servidor vuestro-). No generalizo ni por asomo: pero sí puntualizo.

Traigo esta monserga a colación para subrayar mi preferencia por el WhatsApp. Descomunal herramienta profesional e insuperable método comunicativo de cercanías. El WhatsApp cultiva la amistad sin dobleces y ejercita el músculo cordial del corazón entre iguales que se aprecian, se estiman -o no-, se quieren -bastante o lo preciso- e incluso se confiesan a la recíproca. No todo quisque sirve para relacionarse por esta aplicación de mensajería: hay quienes más bien al contrario: descuelgan -por un incontinenti desfogue de trincheras escondidas- el lado oculto -incendiario o no, agresividad verbal siempre- de su personalidad. El WhatsApp o, por mejor decir, los grupos de ídem, constituye/n una cortina que se descorre para que por la boca muera el pez. En el peor de los casos.

A mí me ha servido por lo común para iniciar o para estrechar amistades, sumar allegados, conocer y contrastar el fondo luminoso de muchísima gente de bien y gestionar -ayudar- necesidades ajenas. Su fluidez, su inmediatez, su garante suman códigos de eficacia. No una bomba de relojería sino una bomba de oxígeno de ida y vuelta. No engullir letras que trepan por la yedra de un muro sin destino. Sino azacanear la experiencia estética -y no estática ni extática- del diálogo vis a vis.

El WhatsApp comprende también el campo denominado ‘estado’: ese tablón de anuncio gráfico o audiovisual donde cada cual publica a su antojo y a la vista silente de la práctica totalidad de sus contactos, una fotografía, un cartel de frase célebre o de autor que refleje a las claras una máxima, un aforismo, un estado de ánimo, una advertencia a navegantes, el destape de la caja de Pandora o una queja más o menos descifrable. Incluso una convocatoria con intencionalidad divulgativa. Comúnmente la sección del ‘estado’, de los ‘estados’, entraña una liberación, un desahogo, un diván que grita, un empeño que se autoproclama.

Cada mañana leo en mi “celular” el rastreo emocional de cientos de jerezanos. De jerezanos en estado de Gracia, de infortunio, de exultante hundimiento psicológico, de controversia, de confusión, de efusión, de SOS, de alivio, de radiografía del ser. El ‘estado’ es un reclamo. Hacia ti, probablemente. No pasemos por alto la señal que nos envía a los cuatro vientos esa persona que, por azares del destino, por causalidad y no por casualidad, también palpita a diario en el hábitat de nuestro teléfono móvil. ¿Sabremos descifrar la sangre que corre por el mensaje de su estado de WhatsApp?
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Jerez: Carlos Amigo Vallejo



Marco A. Velo – Jerez íntimo – Diario de Jerez 

Encarna, en sí mismo, la vía augusta del titulo de un libro de su propia autoría: ‘El oficio de ser hombre’. Sí: hombre con tantán de cinematográfico péplum greco-romano. Con aura de envergadura vertical. Con una cúspide en centímetros que alarga hacia arriba su fortaleza física. Es el gigante evangelizador -a través de azadón del verbo sereno, del pragmatismo de la palabra nunca huera- que pugna a brazo partido -brazo que no hiere- contra las laicistas ruedas de molino del indiferentismo, la pusilanimidad social y los cachivaches de los (tibios) ángeles neutros -aquellos que por demediada insuficiencia temperamental colocan al bies una vela a Dios y otra idéntica al diablo-.

Es el Charlton Heston de la Iglesia andaluza. Un cardenal a fuer de discípulo jamás errante. El poder omnímodo de la sonrisa que empapa la comisura de los labios en la fontana fértil de los Mandamientos de la Ley de Dios. Así se significa y se revivifica a cada instante el octogenario incombustible -laborare est orare, labor omnia vincit- arzobispo emérito de Sevilla don Carlos Amigo Vallejo. In God is our trust. Posee porte de actor del Hollywood de los años cincuenta: desprende la unción doctrinal de quien in  itinere, en el ínterin de la vida terrenal, unifica en su biografía la denominación titular de cuatro libros de indispensable lectura: ‘El algoritmo de la felicidad’ de Mo Gawdat, ‘Lo eterno sin disimulo’ de C.L. Lewis, ‘Mil soles espléndidos’ de Khaled Hosseini y ‘El camino de la inteligencia’ de Jiddu Krishnamurti.

Estuvo este pasado martes en la Real Academia de San Dionisio. Los académicos jerezanos conservamos la bruñida costumbre de convocar publica sesión solemne con motivo de la festividad de Santo Tomás de Aquino. Nadie más propiciatorio -a colación- que este Académico de Honor de la docta casa con sede social en calle Consistorio. El humanismo de Carlos Amigo se circunscribe al proyecto de vida que emerge del catón de la cruz de Cristo. Sin eximentes ni agravantes. Sin rutilantes insalubridades de quita y pon. Sin dársenas a la genovesa. Sin plenilunios ordenancistas. Sin ensueños que se espesen en los párpados de lo anacrónico.

Don Carlos es la antítesis de todo cimbreo trasnochado. Su naturaleza es más divina que humana. Para desbrozar e incluso destrozar el título de Friedrich Nietzsche ‘Humano, demasiado humano’ y sí trabar analogías con el de Theodore Sturgeon: ‘Más que humano’.  Don Carlos y quien suscribe nos conocemos de antiguo. En nuestra primera conversación a dos me fundamentó el contraejemplo de cierto pastiche demagógico que algunos sistemas de pensamiento único denominan “cultura”. El día menos pensado contaré una graciosísima anécdota que, años más tarde, compartimos al alimón -a los postres de una tampoco pantagruélica cena cofradiera en petit comité- en torno a un chupito de manzana sin alcohol y un generoso tocino de cielo a  la jerezana. Algunos cofrades de mi Hermandad de las Cinco Llagas la conocen al dedillo. Para mondarse de risa.

En la Academia bastaron este martes dos miradas fijas al auditorio, tres trazos verbales, cuatro apuntes alineados en menuda caligrafía y cinco dedos de la mano derecha para gesticular la vigencia de la Iglesia a tiempo presente. Porque “si los tiempos vienen recios, la virtudes tienen que ser bien templadas”. Y porque además “el amor permanece”. La Iglesia es amor al hombre, amor sin precio ni circunstancia, porque de lo contrario “esta ecología sería una mera ideología”.

La Iglesia, que tiene conciencia crítica, debe estar viva y vigente. Con gestos (Papa Francisco) e intelecto (Benedicto XVI). En Andalucía bien se asume esta aseveración. Porque, además aquí, y en palabras del propio Carlos Amigo, en toda reunión que se precie -sea del género que fuese- “al final siempre se acaba hablando de cofradías”. ¿Verdad que sí, académicos y cofrades -presentes en el acto- Juan Salido Freyre, Andrés Luis Cañadas Machado, Francisco A. García Romero, Eugenio Vega, José Luis Zarzana, Francisco Garrido, Francisco Fernández García-Figueras, Juan María Vaca?
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Niños en la otra orilla


Marco A. Velo – Jerez íntimo – Diario de Jerez

Las gaviotas destensan sus vuelos -vuelos de algodones- sobre la ingravidez del aire. Siempre es media tarde en esta playa ajena a la furia del tiempo. Ni fiebre ni languidez en la reconstrucción incólume de la aurora. Sólo mansedumbre, anatomía de proximidades y el candor rítmico de un aguaje sereno como el entrepuente de dos realidades: la mortal y finita allende estos mares -azules casi transparentes- y la eternidad que aquí es pisada sobre pisada, franja atmosférica de permanencia y dulce crepitar de relojes que no existen.

La brisa marina es como un silbido de Caronte. El sol -hontanar de luz que no calienta pero sí ilumina- destella un fulgor mesiánico: algo así como la alba interioridad del equilibrio entre lo prematuro y lo definitivo. Esta caleta siempre suena al minué vivaz de sus habitantes juguetones: una algarabía infantil que entrecruzan carreritas de pasos ya firmes con risas de mofletes sonrosados. La infancia desconoce los códigos inverosímiles del silencio. Desde el paseo marítimo, con barandales de madera de cedro de la carpintería de José, observas -siempre al trasluz- esta lontananza henchida de niños que parecen extraídos del útero de otra semilla.

La estampa es edénica, como un lienzo costumbrista de pinceles sacramentales. Como una Eucaristía de labios mínimos que sonríen a destajo. Como susurros casi prenatales. Como un collage de confidencias traviesas: lenguaje de dientes separados y timbre de pan candeal. Todos son héroes anónimos: pero desconocen por entero el porqué de su heroicidad:  ni siquiera espigaron la sutil conceptualización que desguaza la vida de la muerte. La primera como mística de la explosión y la segunda como arrobo de la implosión. Todos ellos han experimentado -sin recordar ni el más mínimo flashback- ambas naturalezas.

Ahora no lloran ni se duelen en los tropezones, en las caídas, en los rodillazos, ni hacen pucheritos cuando el hambre asoma por la boca del estómago. Sólo juegan -como querubines barrocos- sobre la arenosa superficie de este recreo sin horarios en redondel ni calendarios en cuadratura. Todos son amiguitos, como una hermandad de párvulos precoces. Todos se abrazan y se prestan sus cubos y sus palas. Todos avanzan despeinados por el ensortijado sendero de lo infinito. Todos se dan besitos de biberones en sus cachetes de churretes. Se saben protegidos porque ya conocieron a sus guardias angelicales: a sus ángeles custodios: a sus heraldos a lo divino.

En esta playa no caben críos denominados juguetes rotos. Ninguno lo es. La inocencia no granjea ni agavilla trenzas de fracasos. En esta playa no arramplan sombras contra natura. Ni la cristalización sucedánea de la tragedia. Sólo nenes que se sacan de la garganta el musical monólogo de frases imperceptibles. Felices como un yoyó en contradanza. Unción de menores. El rumor, aquí, es de caracolas y no de mandolina de grillos. El oxígeno, de mojarras, y no de contaminación subalterna. Las aves, más que torbellino de plumajes, son abanicos rasantes de picos cerrados. La respiración de los bebés -que haberlos, haylos- adoptan la cadencia de un glissando de naipes. Cualquier origen se metamorfosea en sustanciación humana. Niños, sí, y pureza.

Con hilillos de voz apenas perceptibles, con más dinámica de comisuras de labios que volumen sonoro, tres chiquitillos -en pie y cogidos de la mano- permanecen en la orilla mirando atentamente el fondo del horizonte. Algo se cuentan entre ellos. “¡Ya está llegando!”, grita -exultante- el mediano, de nombre Gabriel y apellido Cruz. “Sí, sí, ya veo la barca”, añade el mayorcito de los tres: Pincho, de sobrenombre ‘Umbral’. No sabemos qué afluye en el interior del más pequeño, de Oliver, para -pletórico, fuera de sí- salir corriendo hacia la arena y alzar entre sus manos un triciclo blanco y celeste. Blanco como una ofrenda de amor. Celeste como el color del cielo.
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Los ‘quemasangre’: ¡Esto sí que es un grupo de guasa’



Pelotazo de Selu García Cossío en su tipo del Carnaval 2019

MAV – MIRA 

Selu García Cossío es un escritor de calidad. De calidad de párrafo y de calidad costumbrista.  Francisco Umbral dejó dicho que escribir bien es lo contrario a escribir correctamente.  Juzgue el aficionado qué tipo de escritura subyace bajo el latido hiperrealista de los personajes que cobran vida y brío en las chirigotas de este autor con cuarenta años de experiencia carnavalera a sus espaldas.

El literato de calidad ve más allá de lo puramente visible. Juzgue de nuevo el lector si Selu maneja el don de la captación social y sociológica. Es un Bob Esponja -lo absorbe todo- en cuanto a los arquetipos de  la tribu humana que laten en derredor. Si le preguntas cómo ha sabido esbozar cualquier tipo de sus agrupaciones -pongamos que hablamos del ‘quemasangre’ de este año-, la respuesta es directa y concisa: “Observando mucho”. Cabe por ende certificar lo siguiente: ¿no es la observación -tanto la interior como la exterior- la principal cualidad -destacable, reseñable- de un autor: de un gran autor de letras del género que fuese?

Porque Selu es tan potencial guionista de cine -o radio: medio en el que trabajó durante  muchos años- como de teatro -sus chirigotas las concibe “como un todo, como una obra de teatro completa” que se estrena cada mes de febrero-. Este 2019 de nuevo ha dado con la tecla. Se ha notado a leguas desde el minuto uno de su pase de preliminares. El personaje del quema/sangre. Vade retro. Un tipo que promete progresión a pasos agigantados según avance el concurso.

Se trata de un pelotazo ya precoz. Y no porque haya recalado, para la presentación de sus credenciales, en una jornada donde la mediocridad -o el ínfimo nivel- fuese el común denominador. Sino porque estos aflamencados guasones precisan de constante interpretación. Interpretación incluso de lenguaje no verbal. Y el don interpretativo -animales de  escena- constituye una de las virtudes connaturales de esta chirigota tan veterana y tan fresca a la misma vez.

La actuación primera de este pasado miércoles 30 es para verla, visionarla y revisionarla repetidas veces. Con detención detallista. El espectador saldrá ganando en su admirativo divertimento. La incertidumbre -la curiosidad- de los aficionados ya otra vez se convirtió en hito tan pronto subiera el telón. Si te encuentras en un apuro, los ‘malasangre’ se hartarán de reír. Ellos aún no lo están -en apuro ninguno-, pero tú puedes anticiparte a la risa. A la de todos ellos. Y mondarte a mandíbula batiente. Quizá al contrario de los líderes mundiales del pasado año, estos cargantes desaprensivos -copa en mano- sí que son un grupo de guasa.
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PROGRAMACIÓN CULTURAL

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